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Patrimonio Cultural restaura las pinturas murales del convento de las Agustinas en Mirambel

Los trabajos, con un presupuesto de 106.000 euros, se ejecutarán antes de final de año

Entre los meses de septiembre y diciembre, la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón tiene previsto realizar los trabajos de restauración de las pinturas murales de la celda de castigo y el pasillo del convento de las Agustinas, en la localidad turolense de Mirambel.

Con un presupuesto de 106.000 euros, los trabajos van a consistir en una serie de estudios y análisis previos para, posteriormente, aplicar todos los tratamientos de conservación y restauración requeridos tanto por las propias pinturas murales (preconsolidación, eliminación de morteros recientes, limpieza, consolidación del estrato pictórico y los morteros originales, relleno de oquedades y lagunas, sellado de grietas, reintegración cromática y protección final) como por los elementos de yeso (bovedillas, paramentos y pavimentos) y los elementos de madera (vigas, armarios y puertas con diversos herrajes) que conforman ambos espacios.

Todas estas actuaciones llevarán aparejada una importante labor de documentación, así como diversos estudios de materiales, cuyos resultados se plasmarán en una memoria final de los trabajos realizados, que incluirá también un plan de mantenimiento y conservación preventiva de esta zona del convento, que se podrá visitar también en el futuro y que mostrará el gran interés que ofrece este conjunto de grisallas renacentistas inspiradas en grabados de la época.

El convento de las Madres Agustinas

El antiguo convento de las Madres Agustinas en Mirambel (Teruel) es un edificio construido en el siglo XVI adosado a la muralla que rodea esta localidad del Maestrazgo, declarada Conjunto de Interés Cultural, en la figura de Conjunto Histórico, en 1980. Además, por formar parte de dicho recinto amurallado, en concreto del denominado Portal de las Monjas, este edificio goza también de la condición de Bien de Interés Cultural, en la categoría de Monumento.

Su fundación se remonta a 1564, cuando varias monjas de la Orden de San Agustín procedentes de un convento valenciano tomaron posesión de la ermita de Santa Catalina de Mirambel, que se convirtió en iglesia de la comunidad, y del hospital anejo, que transformaron en las diversas dependencias conventuales.

Sin embargo, a pesar de ser un cenobio con numerosas vocaciones y cierta posición económica en el entorno hasta el siglo XVIII, fue abandonado por su mermada comunidad religiosa en 1980, que se trasladó a Benicassim y cedió el uso del inmueble al Ayuntamiento de Mirambel, entidad local que gracias a colaboración de otras administraciones públicas ha conseguido rehabilitar la mayor parte del mismo y destinar su planta baja a Oficina Municipal de Turismo, Centro de Interpretación del Patrimonio Arquitectónico del Maestrazgo y sala de exposiciones temporales.

En 2015, durante las obras de rehabilitación del edificio, promovidas por el Ayuntamiento y financiadas por el FITE, se descubrieron pinturas murales hasta entonces desconocidas en varias estancias del antiguo convento. Estas pinturas aparecieron en la zona de las celdas de las religiosas, que están situadas en el segundo piso del inmueble, justo encima de la iglesia conventual.

Este ámbito está formado por un amplio pasillo cubierto por un entrevigado con bovedillas de revoltón y flanqueado por celdas a ambos lados, todas ellas con ventanas al exterior, bien a la calle Agustín Pastor o bien a un jardín privado. Las doce celdas son de planta cuadrada o rectangular y dimensiones variables, aumentando su tamaño conforme avanza el pasillo, de manera que las dos últimas presentan incluso dos ámbitos diferenciados y además la del lado sur comunica con el famoso «Mirador de las Monjas», una galería cerrada con unas singulares celosías de yeso sobre una de las puertas de la muralla de la villa.

Aunque ya se intuían algunos restos de pintura mural en dicha celda principal, conocida como «celda de la madre superiora», las catas realizadas en 2015 descubrieron nuevas policromías de diversas épocas (principalmente grisallas de finales del siglo XVI, pero también pinturas en varias tonalidades de los siglos XVII y XVIII) tanto en esta celda como en la denominada celda de castigo, situada enfrente de la anterior y junto a otro torreón de la muralla, y en el propio pasillo.
Debido a su relevancia dentro del conjunto, la Dirección General de Cultura y Patrimonio del Gobierno de Aragón promovió la restauración de la totalidad de la celda de la madre superiora en 2017, actuación cuyo importe ascendió a 18.000 euros, y que fue ejecutada por la Fundación Santa María de Albarracín.

Una vez finalizados estos trabajos, en 2018 se encargaron los correspondientes proyectos de restauración de la celda de castigo y el pasillo, que son los trabajos que ahora se van a acometer y que cuentan con un importe de 106.000 euros y un plazo de ejecución que se extiende hasta final de año. 

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