Sistema de bancales, casetas y «mosals» en piedra seca de Escartín

Escartín

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El denominado sistema de bancales, casetas y «mosals» en piedra seca de Escartín rodea el núcleo deshabitado de Escartín, entidad dependiente del municipio de Broto (Huesca). El núcleo verdadero de la vida rural son los campos, es decir, las zonas de labor ganadas progresivamente mediante la creación de fajas y bancales a una naturaleza de abrupto relieve. En gran parte del Pirineo, sucesivas generaciones fueron modelando el paisaje, en función de las necesidades humanas ante la escasez de terrenos cultivables.

Escartín se ubica en el Sobrepuerto, un territorio histórico situado al norte de la provincia de Huesca, entre las Comarcas de Alto Gállego y Sobrarbe. El Sobrepuerto incluye a las localidades de Otal, Basarán, Cortillas, Cillas, Sasa de Sobrepuerto, Ainielle, Bergua, Ayerbe de Broto y Escartín, así como las pardinas de Feners, Niablas y A Isuala. La zona ha estado habitada al menos desde el siglo XI, aunque a día de hoy, la zona está prácticamente despoblada. Sufrió durante las décadas centrales del siglo XX un paulatino proceso de despoblación debido a las condiciones del propio medio montañoso: aislamiento con respecto a zonas urbanas y entre las propias localidades, malas comunicaciones entre las mismas, ausencia de servicios mínimos como agua corriente o electricidad, etc.

Escartín, situado a 1.360 metros de altitud, a los pies del pico Manchoya (2.034 metros), comparte con el resto de este territorio su ubicación en un medio singular que implicaba unas duras condiciones de vidal. Está orientado al sur, por lo que en su vegetación destaca el matorral (boj, aliagas, espinos), con quejigales (grupos de quejigos o caxicos, robles trasmochos) en la zona baja y en la pradera alpina en la parte alta del monte.

Hasta su despoblación, los habitantes de Escartín vivían en una economía de subsistencia, condicionada por un medio abrupto y azotado por el viento. Esta economía  se basaba en actividades agrícolas, ganaderas y extractivas estrechamente relacionadas entre sí. Se trataba de una agricultura de minifundio, característica del Pirineo, con un aprovechamiento exhaustivo del escaso superficie cultivable disponible, a causa de los desniveles del terreno circundante. Estos desniveles motivarían la transformación intensa del paisaje a través de la creación de los característicos bancales realizados en piedra seca. En cuanto a la ganadería, esta era principalmente lanar y de aprovechamiento de todos los derivados (leche, carne, lana). 

Como consecuencia de una presión demográfica que se estaba dando en paralelo en otros territorios, la intensidad de las actividades agropastoriles de Escartín, se incrementó a finales del siglo XIX, haciendo necesario aumentar los terrenos dedicados a cultivo y ganadería. El instrumento para modificar este difícil paisaje era el de la autoconstrucción, basada en la técnica de la piedra seca.

En cuanto a su relación con el entorno natural, aunque la edificación en piedra seca carece, aparentemente, de planeamiento formal, el entorno de Escartín es el mejor ejemplo de que mediante su uso sí que se ejerce una actuación consciente sobre el medio, que ha dado lugar a la generación de paisajes antrópicos en los que las construcciones de piedra seca se adaptan e integran en el entorno.

El conjunto de construcciones en piedra seca de Escartín:

En torno al núcleo habitado de Escartín se erigió un conjunto denso de construcciones en piedra seca y ligadas a actividades agropastoriles. Destacan algunas tipologías concretas, con su denominación en el habla local.

– Paredes de bancales. De todo el conjunto de construcciones de piedra seca, destacan por su acción sobre el paisaje los abancalamientos. Al estar asentado sobre una escarpada ladera, los habitantes de Escartín tuvieron que luchar contra la erosión construyendo enormes bancales escalonados, sostenidos por altas paredes, las más espectaculares las del Sobrepuerto, algunas de carácter ciclópeo. Cuando alcanzan dimensiones mayúsculas, reciben el nombre de paretones. En algunos puntos, se levantaron cruceros, grandes paredes perpendiculares a las fajas para separar fincas de distintos propietarios.

– Casetas. Realizadas como apoyo a las labores practicadas en campos del núcleo habitado. Se utilizaban como refugio de las tormentas y otras inclemencias, para guardar herramientas. En el área encontramos diferentes tipologías: las más complejas son exentas y con cubiertas de losa a dos aguas, con lugar para el fuego e, incluso, ventanas abocinadas. Otro modelo son aquellas adosadas a los muros de las fajas con una cubierta a un agua o, incluso, las que consisten en huecos en los propios muros a modo de refugio ocasional, etc. Las grandes casetas tenían una capacidad de hasta para 12 personas y en el caso de las más reducidas o casetones, para 2 ó 4 personas de pie.

– Salineras. No es propiamente una estructura, pero si hay cierta intervención en el espacio para dar uso en estrecha relación con el resto de construcciones. Sobre un campo, se disponían varias piedras más bien planas, sobre las que se echaba la sal que se proporcionaba al ganado.

– Pilón de pastores. En la partida de Gasarto, a unos 1700 m. con campos de cultivo junto al camino que lleva a la Sierra, se ubica un «pilón» de pastores, todavía intacto conocido como el «pilón de Gasarto», que alcanza los 3 m. de altura. El término «pilón» en el Pirineo, hace referencia a las columnas cuadradas formadas por losas apiladas que los pastores levantaban en las cotas más elevada. Era uno de los puntos de reunión de pastores mientras el ganado pastaba o sesteaba en las horas centrales del día. Los pastores se entretenían haciendo esas construcciones, aunque existen diversas interpretaciones que les adjudican otras funciones y significados: guía de referencia para no perderse en la niebla, señal de muga o separación de términos o, incluso, un resto subconsciente de ancestrales ritos paganos.

– «Mosals».  Son las estructuras más excepcionales del conjunto. Conocidos en otras zonas de Aragón como «muideros» (del verbo «muir», ar. Ordeñar). Los «mosals» en piedra de Escartín tienen un carácter casi único en Aragón, siendo los únicos conservados en el Sobrepuerto y conservándose raramente en otros puntos del Pirineo (Sercué en Fanlo, Huesca). El mosal consiste en un reciento o corral específicamente destinado al ordeño, formado por tres paredes alargadas y abierto por uno de sus lados, con forma de U, para facilitar la acción de ordeñar las ovejas. Destaca que su distribución geográfica, se limitaba a aquellas localidades en las que la elaboración de quesos era una de las actividades principales, como es el caso de Escartín. En su pormenorizado estudio sobre los «mosals» de Escartín, Acín identifica hasta 8 «mosals» ubicados en los dos cerros contiguos y paralelos al cerro del núcleo habitado. Sin embargo, Satué Sanromán identificó hasta 9 durante la visita realizada a la localidad. Perfectamente conservados, están construidos muy cerca unos de otros, con muros de piedra seca y gran grosor, con unas dimensiones aproximadas de 30-40 metros de largo por 4-5 m de ancho, a excepción de alguno redondeado para adoptarse al terreno.

Su temporada de uso era el final de la primavera y los inicios del verano, cuando el rebaño pastaba en los alrededores del pueblo. Por la mañana, momento en que se llevaba a cabo el ordeño, se llevaban las ovejas desde los campos más o menos cercanos en los que pasaban el día y en los que luego pastarían. Se introducía el ganado en él de tal manera que quedaba apiñado al fondo de la construcción gracias a una cerca de madera o «cletau» que cerraba el único lado abierto y que iba avanzando y presionando (en diagonal) conforme las ovejas iban siendo ordeñadas. Así se facilitaba que, durante el ordeño, la oveja permaneciera quieta. Un mínimo de dos pastores se dedicaba a ordeñar en la pequeña apertura que dejaba el «cletau», mientras otras dos, generalmente los niños de la casa, iban moviendo la cerca. En esta tarea colectiva, aparte de los pastores, en el «mosal» podían trabajar durante los días de mayor actividad varios jornaleros o jornaleras, familiares, niños, etc. Las ovejas, que iban apretándose al fondo del «mosal», comían y, a la vez, iban femando o abonando con sus excrementos el terreno.

Este conjunto denominado «Sistema de bancales, casetas y «mosals» de Escartín» es testimonio de los aprovechamientos tradicionales de la sociedad preindustrial en el Pirineo, vigentes en muchos pueblos altoaragoneses hasta primeros de los años sesenta del pasado siglo, momento en el que la emigración generalizada supuso importantes cambios en el mundo rural.

Por un lado, ejemplifica la trascendencia de una técnica constructiva como la de la piedra seca a la hora de crear y organizar el paisaje agrícola, dando lugar a estructuras arquitectónicas perdurables y, generalmente, destinadas a usos auxiliares, así como a la delimitación de terrenos en los que se produce la acción humana sobre la naturaleza. En este sentido, la piedra seca es un modelo del respeto e integración en el entorno natural de las generaciones que nos preceden y un ejemplo de sostenibilidad para la arquitectura actual. Es, asimismo, ejemplo de la capacidad de la arquitectura tradicional de adaptarse al entorno haciendo uso de los recursos escasos disponibles. El caso de Escartín muestra un ejercicio de intensa antropización del paisaje producido entre finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. La salvaguarda y difusión del saber de la piedra seca permiten leer el territorio como un organismo histórico, cuya memoria debe ser preservada y cuyas transformaciones, han de ser orientadas al respecto de la integración cultural. Estos conocimientos fueron reconocidos como Bien Catalogado inmaterial del Patrimonio Cultural Aragonés en 2016 y por la UNESCO al inscribirse en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en otoño de 2018.

Por un lado, un aspecto a destacar del conjunto es su diversidad tipológica, su singularidad y su estado de conservación, ya que, si bien se han conservado testimonios de arquitectura de piedra seca en las tres provincias aragonesas, el conjunto de piedra seca de Escartín resulta excepcional por testimoniar un ejercicio de intensa antropización, ya señalada, puesto que en una superficie relativamente acotada y en la que se pueden observar tipologías muy específicas de construcción en piedra seca que forman parte de todo un conjunto de procesos interrelacionados y necesarios para el sustento humano en el Sobrepuerto. 

Bibliografía relacionada

Acín Fanlo, José Luis.

Serrablo

nº 160, 2011, pp. 18-23.

Biarge, Fernando y Estaún.

De sol a sol, Trabajos agrícolas y ganaderos

Gobierno de Aragón, 2003.

Garcés, José, Gavín, Julio y Satué, Enrique.

Arquitectura popular del Serrablo

Asociación Amigos del Serrablo, 1991 (reed. 2000).

Rivas, Félix.

Construcciones pastoriles en la comarca de Monzón

Ediciones electrónicas del Servicio de Patrimonio Etnológico, Linguístico y Musical, Diputación General de Aragón, 2004.

Satué Sanromán, José M.ª.

Semblanzas de Escartín

Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1997.

Satué Oliván, Enrique.

Siente. Testimonios de aquel Pirineo.

Prames, Zaragoza, 2016.

VVAA.

Guía de Sobrepuerto, Huesca

Asociación Cultural O Zoque, 2014.

El denominado sistema de bancales, casetas y «mosals» en piedra seca de Escartín rodea el núcleo deshabitado de Escartín, entidad dependiente del municipio de Broto (Huesca). El núcleo verdadero de la vida rural son los campos, es decir, las zonas de labor ganadas progresivamente mediante la creación de fajas y bancales a una naturaleza de abrupto relieve. En gran parte del Pirineo, sucesivas generaciones fueron modelando el paisaje, en función de las necesidades humanas ante la escasez de terrenos cultivables.

Escartín se ubica en el Sobrepuerto, un territorio histórico situado al norte de la provincia de Huesca, entre las Comarcas de Alto Gállego y Sobrarbe. El Sobrepuerto incluye a las localidades de Otal, Basarán, Cortillas, Cillas, Sasa de Sobrepuerto, Ainielle, Bergua, Ayerbe de Broto y Escartín, así como las pardinas de Feners, Niablas y A Isuala. La zona ha estado habitada al menos desde el siglo XI, aunque a día de hoy, la zona está prácticamente despoblada. Sufrió durante las décadas centrales del siglo XX un paulatino proceso de despoblación debido a las condiciones del propio medio montañoso: aislamiento con respecto a zonas urbanas y entre las propias localidades, malas comunicaciones entre las mismas, ausencia de servicios mínimos como agua corriente o electricidad, etc.

Escartín, situado a 1.360 metros de altitud, a los pies del pico Manchoya (2.034 metros), comparte con el resto de este territorio su ubicación en un medio singular que implicaba unas duras condiciones de vidal. Está orientado al sur, por lo que en su vegetación destaca el matorral (boj, aliagas, espinos), con quejigales (grupos de quejigos o caxicos, robles trasmochos) en la zona baja y en la pradera alpina en la parte alta del monte.

Hasta su despoblación, los habitantes de Escartín vivían en una economía de subsistencia, condicionada por un medio abrupto y azotado por el viento. Esta economía  se basaba en actividades agrícolas, ganaderas y extractivas estrechamente relacionadas entre sí. Se trataba de una agricultura de minifundio, característica del Pirineo, con un aprovechamiento exhaustivo del escaso superficie cultivable disponible, a causa de los desniveles del terreno circundante. Estos desniveles motivarían la transformación intensa del paisaje a través de la creación de los característicos bancales realizados en piedra seca. En cuanto a la ganadería, esta era principalmente lanar y de aprovechamiento de todos los derivados (leche, carne, lana). 

Como consecuencia de una presión demográfica que se estaba dando en paralelo en otros territorios, la intensidad de las actividades agropastoriles de Escartín, se incrementó a finales del siglo XIX, haciendo necesario aumentar los terrenos dedicados a cultivo y ganadería. El instrumento para modificar este difícil paisaje era el de la autoconstrucción, basada en la técnica de la piedra seca.

En cuanto a su relación con el entorno natural, aunque la edificación en piedra seca carece, aparentemente, de planeamiento formal, el entorno de Escartín es el mejor ejemplo de que mediante su uso sí que se ejerce una actuación consciente sobre el medio, que ha dado lugar a la generación de paisajes antrópicos en los que las construcciones de piedra seca se adaptan e integran en el entorno.

El conjunto de construcciones en piedra seca de Escartín:

En torno al núcleo habitado de Escartín se erigió un conjunto denso de construcciones en piedra seca y ligadas a actividades agropastoriles. Destacan algunas tipologías concretas, con su denominación en el habla local.

– Paredes de bancales. De todo el conjunto de construcciones de piedra seca, destacan por su acción sobre el paisaje los abancalamientos. Al estar asentado sobre una escarpada ladera, los habitantes de Escartín tuvieron que luchar contra la erosión construyendo enormes bancales escalonados, sostenidos por altas paredes, las más espectaculares las del Sobrepuerto, algunas de carácter ciclópeo. Cuando alcanzan dimensiones mayúsculas, reciben el nombre de paretones. En algunos puntos, se levantaron cruceros, grandes paredes perpendiculares a las fajas para separar fincas de distintos propietarios.

– Casetas. Realizadas como apoyo a las labores practicadas en campos del núcleo habitado. Se utilizaban como refugio de las tormentas y otras inclemencias, para guardar herramientas. En el área encontramos diferentes tipologías: las más complejas son exentas y con cubiertas de losa a dos aguas, con lugar para el fuego e, incluso, ventanas abocinadas. Otro modelo son aquellas adosadas a los muros de las fajas con una cubierta a un agua o, incluso, las que consisten en huecos en los propios muros a modo de refugio ocasional, etc. Las grandes casetas tenían una capacidad de hasta para 12 personas y en el caso de las más reducidas o casetones, para 2 ó 4 personas de pie.

– Salineras. No es propiamente una estructura, pero si hay cierta intervención en el espacio para dar uso en estrecha relación con el resto de construcciones. Sobre un campo, se disponían varias piedras más bien planas, sobre las que se echaba la sal que se proporcionaba al ganado.

– Pilón de pastores. En la partida de Gasarto, a unos 1700 m. con campos de cultivo junto al camino que lleva a la Sierra, se ubica un «pilón» de pastores, todavía intacto conocido como el «pilón de Gasarto», que alcanza los 3 m. de altura. El término «pilón» en el Pirineo, hace referencia a las columnas cuadradas formadas por losas apiladas que los pastores levantaban en las cotas más elevada. Era uno de los puntos de reunión de pastores mientras el ganado pastaba o sesteaba en las horas centrales del día. Los pastores se entretenían haciendo esas construcciones, aunque existen diversas interpretaciones que les adjudican otras funciones y significados: guía de referencia para no perderse en la niebla, señal de muga o separación de términos o, incluso, un resto subconsciente de ancestrales ritos paganos.

– «Mosals».  Son las estructuras más excepcionales del conjunto. Conocidos en otras zonas de Aragón como «muideros» (del verbo «muir», ar. Ordeñar). Los «mosals» en piedra de Escartín tienen un carácter casi único en Aragón, siendo los únicos conservados en el Sobrepuerto y conservándose raramente en otros puntos del Pirineo (Sercué en Fanlo, Huesca). El mosal consiste en un reciento o corral específicamente destinado al ordeño, formado por tres paredes alargadas y abierto por uno de sus lados, con forma de U, para facilitar la acción de ordeñar las ovejas. Destaca que su distribución geográfica, se limitaba a aquellas localidades en las que la elaboración de quesos era una de las actividades principales, como es el caso de Escartín. En su pormenorizado estudio sobre los «mosals» de Escartín, Acín identifica hasta 8 «mosals» ubicados en los dos cerros contiguos y paralelos al cerro del núcleo habitado. Sin embargo, Satué Sanromán identificó hasta 9 durante la visita realizada a la localidad. Perfectamente conservados, están construidos muy cerca unos de otros, con muros de piedra seca y gran grosor, con unas dimensiones aproximadas de 30-40 metros de largo por 4-5 m de ancho, a excepción de alguno redondeado para adoptarse al terreno.

Su temporada de uso era el final de la primavera y los inicios del verano, cuando el rebaño pastaba en los alrededores del pueblo. Por la mañana, momento en que se llevaba a cabo el ordeño, se llevaban las ovejas desde los campos más o menos cercanos en los que pasaban el día y en los que luego pastarían. Se introducía el ganado en él de tal manera que quedaba apiñado al fondo de la construcción gracias a una cerca de madera o «cletau» que cerraba el único lado abierto y que iba avanzando y presionando (en diagonal) conforme las ovejas iban siendo ordeñadas. Así se facilitaba que, durante el ordeño, la oveja permaneciera quieta. Un mínimo de dos pastores se dedicaba a ordeñar en la pequeña apertura que dejaba el «cletau», mientras otras dos, generalmente los niños de la casa, iban moviendo la cerca. En esta tarea colectiva, aparte de los pastores, en el «mosal» podían trabajar durante los días de mayor actividad varios jornaleros o jornaleras, familiares, niños, etc. Las ovejas, que iban apretándose al fondo del «mosal», comían y, a la vez, iban femando o abonando con sus excrementos el terreno.

Este conjunto denominado «Sistema de bancales, casetas y «mosals» de Escartín» es testimonio de los aprovechamientos tradicionales de la sociedad preindustrial en el Pirineo, vigentes en muchos pueblos altoaragoneses hasta primeros de los años sesenta del pasado siglo, momento en el que la emigración generalizada supuso importantes cambios en el mundo rural.

Por un lado, ejemplifica la trascendencia de una técnica constructiva como la de la piedra seca a la hora de crear y organizar el paisaje agrícola, dando lugar a estructuras arquitectónicas perdurables y, generalmente, destinadas a usos auxiliares, así como a la delimitación de terrenos en los que se produce la acción humana sobre la naturaleza. En este sentido, la piedra seca es un modelo del respeto e integración en el entorno natural de las generaciones que nos preceden y un ejemplo de sostenibilidad para la arquitectura actual. Es, asimismo, ejemplo de la capacidad de la arquitectura tradicional de adaptarse al entorno haciendo uso de los recursos escasos disponibles. El caso de Escartín muestra un ejercicio de intensa antropización del paisaje producido entre finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. La salvaguarda y difusión del saber de la piedra seca permiten leer el territorio como un organismo histórico, cuya memoria debe ser preservada y cuyas transformaciones, han de ser orientadas al respecto de la integración cultural. Estos conocimientos fueron reconocidos como Bien Catalogado inmaterial del Patrimonio Cultural Aragonés en 2016 y por la UNESCO al inscribirse en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en otoño de 2018.

Por un lado, un aspecto a destacar del conjunto es su diversidad tipológica, su singularidad y su estado de conservación, ya que, si bien se han conservado testimonios de arquitectura de piedra seca en las tres provincias aragonesas, el conjunto de piedra seca de Escartín resulta excepcional por testimoniar un ejercicio de intensa antropización, ya señalada, puesto que en una superficie relativamente acotada y en la que se pueden observar tipologías muy específicas de construcción en piedra seca que forman parte de todo un conjunto de procesos interrelacionados y necesarios para el sustento humano en el Sobrepuerto. 

Bibliografía relacionada

Acín Fanlo, José Luis.

Serrablo

nº 160, 2011, pp. 18-23.

Biarge, Fernando y Estaún.

De sol a sol, Trabajos agrícolas y ganaderos

Gobierno de Aragón, 2003.

Garcés, José, Gavín, Julio y Satué, Enrique.

Arquitectura popular del Serrablo

Asociación Amigos del Serrablo, 1991 (reed. 2000).

Rivas, Félix.

Construcciones pastoriles en la comarca de Monzón

Ediciones electrónicas del Servicio de Patrimonio Etnológico, Linguístico y Musical, Diputación General de Aragón, 2004.

Satué Sanromán, José M.ª.

Semblanzas de Escartín

Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1997.

Satué Oliván, Enrique.

Siente. Testimonios de aquel Pirineo.

Prames, Zaragoza, 2016.

VVAA.

Guía de Sobrepuerto, Huesca

Asociación Cultural O Zoque, 2014.

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